Resquicios históricos, se mueve de dominio

Buenos días. Quería informar a todos los lectores que este blog se podrá encontrar, con nuevos artículos y contenidos novedosos, en el periódico online Objetivo Periodismo (http://www.objetivoperiodismo.es/). Espero que este parón en el tiempo no haya sido interpretado como un abandono de la historia. Les veo allí contándoles, cuatro veces al mes, una nueva historia en forma de artículo periodístico.

Muchas gracias a todos y un cordial saludo

A.S

Un fuego difícil de extinguir

El fuego bizantino, también conocido como fuego griego, ha sido una de las armas más potentes y a la vez enigmáticas de la historia de la humanidad. Utilizado por el Imperio Bizantino en cientos de batallas navales, se trataba de una sustancia altamente inflamable que en vez de apagarse con el agua, esta podía avivarlo hasta límites insospechados. Una sola flecha impregnada con este componente, incendiada y arrojada en los alrededores de una embarcación enemiga provocaba el desastre en las filas rivales. Incluso cubriendo el fuego con arena, este podía reavivarse nuevamente.

El método de utilización era diverso. Aunque en ocasiones se valían de flechas incendiarias, numerosos escritos recogen la presencia de una  especie de cañones fabricados mediante enormes tubos, que se disponían en los navíos, y tenían la función de lanzallamas. No obstante, y viendo la eficacia del fuego griego, a medida que pasaron los años se incorporó en catapultas y otras armas de la época.

La composición del elemento, similar al napalm de la actualidad, nunca llegó a saberse a ciencia cierta. Aunque existen ligeras sospechas acerca de los materiales utilizados en la preparación de este líquido, no se han logrado pruebas concluyentes. Algunos defienden la idea de que resultaba de mezclar nitrato de potasio, sulfuro y petróleo.

Tampoco se sabe a exactamente quién lo inventó. Aunque numerosos escritos describan una sustancia similar empleada, en Alejandría, en el año 400 a.C, este invento fue atribuido a Callicinus, arquitecto de Heliopolis. El Imperio, al darse cuenta de la importancia de dicho descubrimiento y de la enorme fuerza militar que tendría quien lo poseyera, decidió “eliminar” a todo aquel que supiese su composición, encargando la fabricación de este a un escaso número de alquimistas elegidos previamente.

Fuentes: ANFRIX, La Brújula Verde

El adiós a un icono de la resistencia francesa

El pasado martes 10 de Abril se conoció el fallecimiento, a los 97 años de edad, de Raymond Aubrac, histórico líder de la resistencia francesa contra la ocupación nazi durante la segunda guerra mundial.

Raymond Samuel, que era su nombre original, tuvo que adoptar el seudónimo “Aubrac” para escapar de las persecuciones alemanas durante el apogeo de la Alemania nazi en Europa. Este galo, ingeniero de formación e hijo de comerciantes judíos, formó parte en la creación de Libération Sud, movimiento de resistencia realmente activo durante la ocupación de Francia por el régimen de Adolf Hitler.

En 1939, dos años después de licenciarse como ingeniero de caminos, Aubrac se casó con Lucie. Opositora al régimen de Vichy, al igual que nuestro protagonista, ambos ingresaron en las filas de la resistencia en 1940.

El suceso más curioso de su vida, que incluso ha servido de inspiración en numerosas películas, llegaría en 1943. El 21 de Junio, Raymond fue detenido por una patrulla de las SS y de la Gestapo comandada por el oficial Klaus Barbie, cuando asistía a una reunión clandestina en Lyon. Durante días, el cofundador de Libération Sud fue torturado personalmente por “el carnicero de Lyon”. Pero su suplicio terminaría el 21 de Octubre de ese mismo año cuando, en una operación dirigida por su mujer Lucie, el camión que le trasladaba fue asaltado por tropas de la resistencia y Aubrac fue liberado. En la disputa, recibió un disparo en la cara que no le causó heridas mortales.

Al acabar la segunda guerra mundial, continuó participando activamente en el mundo de la política francesa, comprometido con la izquierda.

Durante 1980, su testimonio fue clave en la condena de su torturador Klaus Barbie. Al acabar la segunda guerra mundial, el oficial alemán, respaldado por EEUU y el Vaticano, logró librarse de la justicia y emigrar a Bolivia, donde una nueva vida y una nueva identidad le esperaban. En ese momento entraron en escena Serge Klarsfeld y su mujer Beate, que tras una dura batalla consiguieron que se reabriese nuevamente el caso del “carnicero”. En 1983, Klaus fue reportado a Francia.

Casi 30 años después, en el hospital militar francés Val-de-Grace, deja este mundo una de las personas más importantes de la resistencia francesa contra el III Reich alemán. Luchó ferozmente por su historia y por la libertad.

Fuentes: El País, ABC, artehistoria, El Mundo

Un atentado en la boda real

El 31 de Mayo de 1906, la calle Mayor presenció el tercero de los mayores atentados perpetrados en Madrid, en cuanto a victimas se refiere: el intento de asesinato contra el monarca Alfonso XIII.

Amanecía un caluroso día de fiesta y alegría en la capital. El joven  Borbón iba a contraer matrimonio con la que sería su futura esposa Victoria Eugenia de Battemberg en la iglesia de los Jerónimos. Centenares de madrileños se echaron a la calle para conmemorar tan importante enlace real. Desde la seis de la mañana, los curiosos ya tenían ocupada la barandilla de la Plaza de los Ministerios y la acera que da frente al Ministerio de Marina, según fuentes históricas del diario español ABC.

Días antes, el autor del atentado, Mateo Morral viajó hacia la capital de España para preparar el ataque. Este se realizaría utilizando un explosivo de fabricación casera. El artefacto empleado fue de tipo Orsini, utilizado anteriormente en el Teatro del Liceo, que explota por contacto o “golpeo”. La bomba, según diversas fuentes, le fue entregada diez días antes, procedente de Francia y envuelta en una bandera del país galo, de manos del militar Nicolás Estévanez. Así, tras buscar el lugar indicado para el lanzamiento del explosivo al paso de la comitiva, el anarquista se dispuso a preparar minuciosamente la “acción directa”.

Al finalizar la ceremonia, celebrada en la iglesia situada cerca del paseo del Prado, la comitiva emprendió un lento camino hacia palacio, cuyo trayecto se estima que duró en torno a hora y media. Sobre las dos y veinte del mediodía, la carroza real junto con el resto del cortejo pasó bajo el balcón del número 88 de la calle Mayor, donde en aquel entonces se encontraba la casa-pensión elegida por Morral para perpetrar el atentado. En ese instante la comitiva se detuvo durante unos instantes, momento que aprovecho el anarquista para lanzar desde la terraza de su habitación un ramo de rosas que ocultaba el artefacto. Pero los monarcas estaban de suerte, y las flores chocaron contra el tendido del ferrocarril, desviando la trayectoria de las mismas e impidiendo que la bomba estallase a escasos centímetros de los recién casados. No obstante, la explosión dejó, al menos, 28 fallecidos y un centenar de heridos. Alfonso XIII y la nueva reina salieron ilesos. Fuentes históricas añaden que sobre las tres y media se produjo otra alarma de atentado.

El autor del atentado, aprovechando la confusión, abandonó la pensión y se perdió entre la multitud. De esta forma y, al parecer, con la ayuda del periodista José Nakens, Morral logró escapar de la capital y se dirigió hacia Torrejón de Ardoz (Madrid), desde donde tiene planeado su regreso a casa. Pero el dos de Junio fue reconocido cerca de dicha ciudad por un grupo de vecinos. Tras avisar al guarda, el anarquista se entrega sin oponer resistencia. En el traslado al cuartelillo de Torrejón, Morral asesina de un disparo al guarda y se suicida, evitando así el garrote vil o el fusilamiento.

Durante la guerra civil, a pesar de haber sido el autor de uno de los atentados más duros en la historia madrileña, el ayuntamiento de Madrid decidió cambiar el nombre de calle Mayor por el de calle de Mateo Morral, según documentos históricos. No obstante, con la llegada de Franco al poder, la calle volvió a su nombre original.

Fuentes: El País, 20 Minutos, ABC

Las pirámides de Mesopotamia

Los zigurats fueron las construcciones más importantes de la arquitectura en la antigua Mesopotamia. Tienen forma de pirámide escalonada, rematada en su punto más alto por una capilla o santuario, dedicada a la divinidad de la ciudad. Estas edificaciones podían ser utilizadas, en numerosas ocasiones, como observatorios astronómicos.

Resulta interesante destacar también la orientación de los ángulos del templo, todos ellos hacia los cuatro puntos cardinales. La construcción de estos edificios era obligada a los diferentes reyes, y simbolizaba la unión entre el cielo y la tierra. Estas “pirámides mesopotámicas” eran empleadas, en multitud de ocasiones, como centros de aprendizaje. En otros casos, podían emplearse a modo de almacén, acumulando en ellos las ofrendas que la población realizaba y, posteriormente, haciendo un reparto de las mismas entre todos los habitantes de la ciudad. En la mayoría de estos templos se han podido encontrar tablillas en las cuales se recoge la administración del templo, con una perfecta y antigua escritura cuneiforme.

Además, la forma escalonada del monumento también poseía un significado concreto: serviría de escalera para los dioses que bajasen del cielo a la tierra.

Entre los zigurats más conocidos destaca el de Ur, descubierto por el arqueólogo inglés Leonard Wooley en la actual Irak. Únicamente se conserva una pequeña parte de la construcción. Todo el exterior estaba reforzado por ladrillos cocidos, mientras que los interiores estaban formados, principalmente, por adobe. Con varias terrazas, el acceso tenía que realizarse mediante tres grandes escaleras. Un muro encerraba esta construcción dedicada a la diosa-luna Nannar junto con otros tres edificios: Enuma, que era el almacen del templo; Gi-par-ku, residencia oficial de las sumas sacerdotisas; y E-hur-sag, el palacio real.

Otros zigurats de gran importancia pueden ser los situados en las antiguas ciudades mesopotámicas de Uruk, Nippur y Larsa.

Fuentes: homines, Sobre Historia, arteHistoria 

Los “perros bomba” soviéticos

Durante el desarrollo de la Operación Barbarroja, en 1941, los soviéticos habían perdido gran cantidad de hombres y material bélico frente a una Alemania nazi muy preparada estratégicamente. Esto obligó al Ejército Rojo a utilizar, de manera desesperada, perros-mina.

Ya en 1924 el Consejo Militar Revolucionario aceptó el uso de perros militares para, simplemente, auxiliar en el campo de batalla. Pero durante 1935 se aprobó el uso de perros-mina antitanque. Primeramente fueron entrenados para introducirse bajo los tanques alemanes, soltando el explosivo y volviendo a incorporarse nuevamente en el frente soviético, desde el cual se detonaba mediante control remoto. Pero viendo que en multitud de ocasiones el explosivo no era depositado en el lugar correcto, se decidió explotar el can. De esta forma se crearon los perros-mina antitanque, más conocidos por los alemanes con el nombre de die Panzerabwehrhunde.

Estas nuevas armas soviéticas fueron entrenadas bajo el principio del reflejo condicionado de Pávlov. El adiestramiento consistía en mantener a los perros en ayunas durante varios días para luego darles de comer debajo de los tanques con el motor encendido. De esta forma relacionaban los blindados con el alimento. Así, tras mantenerlos sin comer antes de cada enfrentamiento, eran soltados al campo de batalla de forma que acudieran a buscar comida bajo los carros de combate enemigos.

Durante todo el entrenamiento, además, cargaban sobre el lomo mochilas que hacían la función de bomba. Estas, confeccionadas en lino, portaban entre diez y doce kilogramos de explosivo en la batalla. El artefacto, en conjunto, se activaba mediante un pequeño fragmento de madera que se rompía al chocar con los bajos de los carros de combate alemanes al introducirse los perros bajo estos.

Según fuentes soviéticas poco fiables, alrededor de 300 tanques alemanes fueron destruidos mediante este novedoso método, aunque, datos más confiables limitan el éxito a una treintena de ellos. No obstante, en numerosas ocasiones los perros, adiestrados bajo el olor a diesel de los tanques soviéticos, no reconocían el olor a gasolina en los blindados alemanes y se volvían contra el propio Ejército Rojo, causando numerosas bajas entre sus filas.

Fuentes: erroreshistóricos, RIA Novosti

¿Quién mató al faraón?

Tut-anj-Amón, más conocido como Tutankamón, murió en torno a 1327 a.C. a la temprana edad de 19 años, habiendo reinado desde los diez. Su cuerpo, con todos sus objetos valiosos, fue enterrado en algún lugar del Valle de los Reyes para evitar de este modo el saqueo de la tumba.

Hasta 1922 no se volvió a tener constancia del faraón. En ese año, y tras un tiempo de búsqueda, el británico Howard Carter localizó la tumba del joven monarca, totalmente intacta.

En el momento de su descubrimiento no se pudo concretar la causa de la muerte. En 1925, tras una autopsia realizada por el Doctor Douglas Derry, se concretó que el faraón había fallecido a causa de una tuberculosis. Pero, a partir de 1969, el misterio comenzó a acrecentarse. En un nuevo estudio, realizado mediante rayos “x”, el Dr. Harrison descubrió algo sorprendente: la momia no tenía costillas ni esternón. Pero, la sospecha se intensificó cuando se examinó detenidamente el cráneo del rey. Este presentaba una mancha oscura en la zona occipital, probablemente a causa de un duro golpe. Parecía incuestionable que el joven había fallecido por una lesión traumática en el occipital.

Pero nuevos estudios de ADN en el año 2010 revelan un monarca con una constitución ósea realmente débil lo que, unido al brote de malaria  muy extendido durante su reinado, podría haber causado la muerte del faraón. Se tiene evidencia en la tumba de medicamentos propios de enfermedades como la anteriormente dicha.

No obstante, y a pesar de todos estos estudios, nadie ,excepto el joven Tutankamón y sus allegados, sabrán nunca las causas que llevaron a este mediático rey egipcio a la muerte de forma tan prematura.

Fuentes: Instituto de Estudios del Antiguo Egipto